LAS 4 LEYES DEL BRAINSTORMING
1. Cantidad antes que calidad. El brainstorming consiste en recoger tantas ideas como sea posible, con la esperanza de
que entre ellas se encuentre la definitiva para el proyecto o la labor en cuestión. Por eso, es importante que las ideas
fluyan libremente, aunque haya muchas desechables. Las ideas que desde un principio se perciben como malas,
también son importantes para eliminarlas más tarde al realizar una comparación con las que sí son buenas. Los
participantes deben asegurarse de que se va a registrar cada idea.
2. No a las críticas, discusiones o comentarios durante la sesión. Esta regla debe ser respetada en todo momento, con
el objetivo de que el flujo de ideas no se vea perturbado ni se detenga. En otras palabras, una sola intervención puede
contener una o varias ideas nuevas. Todos los otros aspectos o contenidos deben discutirse en la evaluación
posterior.
3. Registrar todas las ideas. Solo si se registran todas las ideas, por ejemplo, con ayuda de una pizarra, se garantiza
que la sesión de lluvia de ideas pueda pasar a la siguiente fase de evaluación sin haber sido censurada o filtrada. En
consecuencia, es necesario nombrar a una persona que sea moderador o redactor de actas y que suele abstenerse
de hacer contribuciones durante la sesión de brainstorming.
4. Pensar con originalidad e inspirarse mutuamente. La lluvia de ideas suele generar una multitud de ideas
independientes las unas de las otras, aunque también existe la posibilidad de que a partir de una idea se desarrollen
otras nuevas. A menudo, cada sesión desarrolla su propia dinámica, lo que conduce a que las ideas se encaminen en
una dirección concreta o que incluso se concentren en una sola línea. A pesar de esto, los participantes no deben
tener miedo de expresar ideas que vayan en una dirección completamente diferente. Ambas dinámicas refuerzan el
brainstorming como técnica grupal y, con frecuencia, conducen a buenos resultados.
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